COMPARTIR: LA GRAN OCASIÓN PARA CONECTAR

Sep 2, 2025

Corría el otoño del año 2002 y era tiempo de cambios en mi vida. Llegaba a una casa pensión en el barrio de Ramos Mejía (Provincia de Buenos Aires, Argentina) y se abría un mundo nuevo de relaciones y experiencias. El dueño de casa era un tano solitario, conversador y amigo del ajedrez. Tenía una mucama, Verónica, que se ocupaba de la limpieza del establecimiento. Cada habitación era independiente y había una cocina común en donde cualquiera podía preparar algo para sí en el que momento en que llegase. La mayoría salía muy temprano y llegaban tipo 9:00 de la noche en adelante.

Apenas al primer día de mudado, un sonido de guitarra llamó mi atención y como la puerta de esa habitación estaba entreabierta le hice gestos de saludo a la persona que se encontraba dentro que me respondió con una sonrisa invitándome a pasar y fue así como hice mi primer amigo. Se llamaba Walter y trabajaba en una empresa de seguridad como custodio. Conversando me contó que amaba la cocina pero me confeso que no había usado la cocina de la pensión hasta el momento. Sólo había usado el horno para calentar cosas preparadas.

A medida que pasaban los días iba conociendo a otros vecinos que venían muy tarde a dormir. Este lugar albergaba a personas solas, algunos extranjeros como yo, otros más jóvenes eran estudiantes y trabajadores del interior argentino con poco tiempo viviendo en Buenos Aires y también había un buen número de caballeros divorciados. Sin embargo, no había vida en común, apenas si nos saludábamos. Hasta que en algún momento eso empezó a cambiar.

Cada noche al llegar a la pensión nos encontrábamos en la oficina del dueño que estaba enfrente a la cocina y como él paraba ahí viendo tele o cebando mate, nos acercábamos a compartir unos minutos de conversación con él. Se fue así creando un clima de compartir con Walter y Gustavo, otro vecino, de origen marplatense que terminaría siendo un gran amigo en el futuro. Teníamos en el grupo además un pelado piola que nos hacía reír a todos con sus ocurrencias. Y en ese clima de fraternidad pintó la idea de preparar una comilona ahí en la pensión, usando la cocina y sus implementos. Al dueño le encantó la idea y nos instó a hacerlo.

El pelado piola tenía un pariente con una fábrica de pastas así que propuso encargarse él de conseguir esa materia prima. Entonces a los demás nos correspondía ocuparnos de la preparación de una buena salsa para tener un viernes nocturno de pastas. Ese fue el primer día que vi a Walter con su uniforme de cocinero, el tipo estuvo al mando de la cocina y lo hizo de brillante forma. Ese viernes por la noche fue inolvidable: en el patio interior de la casa armamos una mesada larga. A medida que iban llegando todos los huéspedes se sorprendían al ver esa mesa enorme y más aún al encontrarse con la sonrisa de nosotros diciéndoles: “vení a cenar con nosotros, dale”. Recién entonces caímos en cuenta de cuántos huéspedes desconocidos convivían con nosotros. Fuimos más de quince en la mesa y ese compartir entre risas y anécdotas fue un oasis en medio del desierto. Esa noche conocí de qué estamos hechas las personas: cada historia, cada testimonio era como un recorrido por el interior del alma humana con todos los colores y matices que uno se puede imaginar. Esa noche fue mucho. La magia de la conexión, la empatía, la sensibilidad humana emerge en los momentos más insospechados. Y es increíble además cómo podemos reconocernos en el otro a pesar de ser auténticos desconocidos. Lo cierto es que esa noche fluimos todos, salimos del agujero interior y experimentamos el calor humano del encuentro, la plática, el disfrute del compartir momentos e irnos conociendo. A veces solo necesitamos darnos un poco de tiempo para compartir con los demás y la voluntad de desenchufarnos de otras cosas para conectar con quiénes tenemos enfrente.

Es por eso que cuando hace algunos meses vi este video en redes sociales (cuyos creadores son ‪@cravemoreproductions1380) mi mente se transportó a esta experiencia que cuento hoy. Esa mesa de compartir fue tal cual la que me tocó vivir.

 

Nada más maravilloso que el compartir. Muchas veces podemos estar muy cerca pero a la vez lejos los unos de los otros y una iniciativa como esta puede abrirnos a nuevas conexiones plenamente significativas.

Post de Instagram referencial: https://www.instagram.com/reel/C89CKI4OGhh/ (03/07/2024) 

 

Publicado por: Ernesto Montellanos