EN QUE MOMENTO ME PERDÍ

Sep 1, 2025

Una pregunta de esas que así no mas no solemos hacernos. ¿Podrá ser posible que nos perdamos a nosotros mismos? ¿A través de qué situaciones podemos constatar o no que esto nos puede estar sucediendo. En una Sesión de Brand Coaching que realizamos hace unas semanas con emprendedores en la Cámara de Comercio de Lima, llegamos a esta pregunta como parte del proceso de autoconocimiento que desarrollamos  para evidenciar si nuestra marca personal realmente es reflejo de lo que somos y más aún, si lo que hoy somos es aquello que soñamos, proyectamos o decidimos ser.

Nuestra vida experimenta cambios a lo largo del tiempo y no es de extrañarse que empecemos con mucho entusiasmo proyectos y terminemos arribando a “puertos desconocidos”, tal vez animados por resultados económicos que se producen justo cuando más los necesitamos pero que a veces nos terminan alejando de aquello que en algún momento nos trazamos como meta en nuestra vida. ¿Es esto bueno y saludable para mí o no?

Cada uno debe hallar su propia respuesta, sin duda. Hay quienes cambiaron de rumbo y descubrieron que son más felices en lo que hacen ahora que en lo que se trazaron hace 5 o 10 años como objetivo; tal vez porque en ese entonces se lo plantearon con cierta ignorancia aún de sí mismos y de sus reales potencialidades y ello hizo que su decisión no fuese la mas conveniente. Y es que no siempre podemos afirmar con absoluta certeza que nos conocemos en profundidad a nosotros mismos como a veces creemos.

También es cierto que hay quienes tardamos en encontrar nuestro propio camino al carecer de claridad en el momento que nos tocó decidir. Ocurre entonces que, mareados por circunstancias que nos apremian, optamos por un camino sólo para sentirnos asidos a algo, ya que así disimulamos nuestro escondido pero real desconcierto. Empezamos entonces un camino a tientas,  por senderos que no pensamos transitar pero que en principio nos atraen por los primeros resultados positivos que podemos experimentar.

El camino no es un momento sino un enorme conjunto de momentos y luego de transcurridos unos cuantos años, surgirán nuevamente preguntas, si nos damos la oportunidad de detenernos y mirarnos un instante. Habrá entonces quienes al percibirse estresados, hastiados y enmarcados en un presente soso y nada motivador, echarán un vistazo al pasado como queriendo descubrir en qué momento fue que se salieron del camino. Porque en algún momento pasado, nos recordamos corriendo tras proyectos que nos entusiasmaban y movilizaban. Y de repente el tiempo aceleró, transcurrió veloz y hoy, al detenernos, resulta que nos percibimos en el mismo lugar; capaz estancados materialmente sin poder obtener lo que hubiesemos deseado ó tal vez desempeñando labores en esa empresa o entidad que nos dió «seguridad» desde ya hace tiempo pero en la cual permanecemos avocados a algo que no nos hace felices.

Podemos aplicar este análisis a distintas áreas de nuestra vida. Lo real es que estamos en un lugar que no imaginamos antes. Esto se puede deber quizás a que el éxito de lo que hoy hacemos no se produjo en aquello que soñabamos sino que surgieron nuevas opciones en el camino y optamos por enfocarnos en ellas, tanto así y de tal forma que desatendimos todo lo otro que era nuestra real motivación y hasta diríase que nuestra pasión. Ante esta situación uno puede sentirse en la encrucijada: ¿seguimos por donde vamos?… ¿hacemos un viraje en pos de lo que siempre deseamos?… ¿cómo puedo proceder ante esta situación?

.

1. Detenerme, aquietarme y contemplar. Si no hago un alto, la rutina me engullirá y capaz siga dando vueltas interminablemente dentro del remolino en el que estoy. Es necesario parar y al hacerlo aquietarme, respirar profundo y buscar el silencio acallando esas voces interiores tiranas que latigan mi paz, esas que no cesan solas sino que precisan del ejercicio de mi voluntad para sosegarse y brindarme a mí mismo el espacio que decido tomarme. Solo, en calma así y en dominio de mí mismo, podré echar otra mirada a mi realidad, sin broncas, sin prisas, sin juicios de valor, sin culpas. Ojo no analizar, contemplar, es decir, mirar con simpleza para descubrir sin tanto razonamiento si soy feliz o no más alla de problemas o dificultades que me toquen afrontar. Valdrá entonces decirse: no sé cómo llegue aquí, pero, ¿estoy bien aquí o no? ¿Puede ser esta mi tierra prometida o no? Aflora entonces mi voz interior. La voz de mi conciencia es la voz de Dios y en medio del ruido suele no escucharse. Solo el silencio interior permitirá este diálogo.

2. Aceptarme a mí mismo y a mi realidad. Siempre que esté pasando por un mal momento sea emocional, relacional, económico, laboral ó existencial, la tendencia será a juzgarnos con demasiada severidad. Es verdad que nuestros actos nos llevan a donde estamos, pero también es cierto que hay variables externas que influyen en nuestro accionar. Y muchas de estas variables no están bajo nuestro control, no tenemos poder sobre todo lo que sucede y ya quisiéramos tenerlo. Pero cuanto más nos resistimos a la realidad, peor es. Vale más aflojarnos y despegarnos de nuestras ganas de controlarlo todo. Nuestra a veces escondida soberbia, poco aporta a la solución de nuestros conflictos. Toca aceptar la realidad sin atenuantes. Esta aceptación consciente es el principio de una nueva etapa. Nos abre y predispone a mejores cosas. Si me cuesta mucho hacerlo es porque me gobierna aún la inmadurez y falsas creencias que he tenido de mi mismo.

3. Volver a soñar. Decidirme a volver a luchar por aquello que amo, aquello en lo que creo, aquello que me define y que identifico como mi propósito de vida. Si quiero volver a mirar el futuro con ilusión debo replantear mi camino y para hacerlo es imprescindible volver a soñar, soñar despierto, enfocándome en aquello que me da sentido. Tal vez me reencuentre con las aspiraciones que se me perdieron en el camino o tal vez no. Si sucede lo primero es porque perdí mi rumbo y estoy recuperándolo; si sucede lo segundo y no me engancho con sueños del pasado sino con nuevas aspiraciones, pues ¡buenísimo también! es probable que sea eso lo que me estaba faltando y este replanteo me ponga frente a nuevos desafíos que dimensionen mi vida y me hagan sentir que ahora sí estoy donde debo estar.

Los problemas no se esfuman porque uno haga este ejercicio, sin embargo uno gana mucho al hacerlo porque nada se compara con la sensación de recuperarse a sí mismo. Y esto de verdad ocurre. Sabrás que lo estás viviendo cuando notes que estás más allá del problema, que su existencia no mella tu actitud de vida y que así como los miedos y tantas otras cosas que no podemos controlar, existen y nos influyen, ello no definirá quien eres ni condicionará tu estado de ánimo. El gozo de RECUPERARME A MI MISMO eclipsa todo lo demás. Para concluir, este sabio pensamiento de Bertrand Russell:  “Cuando un hombre sabe a donde va, el mundo entero se aparta para dejarle paso”.

 

Artículo original:  27 de Noviembre de 2016. Actualizado hoy, 01 de Setiembre de 2025

Publicado por: Ernesto Montellanos